Por Antimio Cruz.
En pequeños patios, azoteas o
incluso interiores de casas y departamentos,
al menos dos mil mexicanos cultivan y cosechan
actualmente jitomate, cebolla, rábanos,
gerberas y rosas, gracias a una técnica
cuyos orígenes se han documentado
en el mundo desde hace 400 años,
pero que sólo en las ultimas cuatro
décadas ha probado ser una alternativa
contra los problemas alimentarios del mundo:
La Hidroponia.
Esta forma de cultivo que sustituye la
tierra por soluciones acuosas ricas en
nutrientes, a servido a productores mexicanos
para cosechar hasta 216 toneladas de jitomate
por hectárea, cuando en suelo normal
el mismo cultivo sólo produce 30
toneladas del mismo vegetal. Las cifras
documentadas por la presidenta de la Asociación
Hidropónica Mexicana A.C., Gloria
Samperio, son un ejemplo doméstico
de lo que la Agencia Aeroespacial Estadounidense
(NASA) pretende hacer en vuelos espaciales
de larga duración: El cultivo del
jitomate y lechugas frescas fuera de la
tierra, a través del sistema llamado
CEISS (Controlled Ecological Life Support
Sistem).
La hidroponía parecida en ciertos
rasgos a los sistemas de cultivo en Chinampas
de Tenochtitlán, fue documentada
por primera vez en Europa en 1600 por el
investigador belga Jan Val Helmont, pero
su crecimiento exponencial ocurrió en
el siglo veinte gracias a dos hechos centrales:
Los experimentos exitosos de los estadounidenses
W. F. Geridke y J. R. Travernetti de la
universidad de California, que en 1936
obtuvieron la primera cosecha de jitomate
prescindiendo absolutamente de la tierra,
y la adopción de materiales plásticos
que desde los años sesenta liberaron
a los cultivadores de construcciones costosas
como la "cama de concreto", y
permitieron automatizar los sistemas hidropónicos
con bombas, relojes de tiempo, tuberías
de plástico, válvulas y otros
equipos.
Bebidas inteligentes.
En 1860, el profesor Alemán Julius
Von Sachs, demostró que las plantas
pueden conseguir su crecimiento normal únicamente
sumergiendo sus raíces en una solución
de agua con sales minerales. Estos experimentos
sumaron posteriormente aportaciones de
Holanda, Gran Bretaña y Estados
Unidos, pero aún no y se considera
una investigación en proceso.
La hidroponía doméstica
en México y otras partes del mundo
utiliza como principales nutrientes de
sus semillas, gérmenes y plantas
sales de nitrógeno (N), fósforo
(P), azufre (S), potasio (K), calcio (Ca),
y magnesio (Mg), en cantidades relativamente
grandes. Además se han identificado
siete elementos requeridos por las plantas
en cantidades relativamente pequeñas,
como él y hierro (Fe), cloro (Cl),
manganeso (Mn), bordó (B), zinc
(Zn), cobre (Cu) y molibdeno (Mo).
Los nutrientes minerales se acompañan
de una base que otorga a las plantas o
líderes según explica Carlos
Barajas de la Asociación Hidropónica
Mexicana, en el país se utilizan
dos tipos de sustratos: los inertes, que
no reaccionan con las soluciones nutrientes
(grava, arena, Tezontle, Tepojal, rocas
artificiales, de vermiculita y perlita
y fibras artificiales-lana de roca-), y
los orgánicos, que pueden con tribuir
en los procesos de alimentación
de las plantas (cascarilla de arroz y de
Coco).
Azoteas y patios mexicanos.
Del 26 al 28 de abril se llevará a
cabo en Toluca el segundo congreso internacional
de hidroponía, organizado por la
asociación mexicana de esta especialidad
y en el que participarán ponentes
de la NASA, la Organización de las
Naciones Unidas para la alimentación
(FAO); el ministerio de agricultura de
Canadá; así como investigadores
y funcionarios de Alemania, Chile, España,
Holanda y Perú.
En este evento se presentarán
algunas de las cifras y datos más
recientes de los trabajos de la asociación
civil que agrupa 2000 mexicanos, entre
los que se encuentran personas que principalmente
siembra en sus azoteas, patios y en el
interior de sus casas o departamentos.
En su mayoría son personas que siembran
para autoconsumo y forman parte de grupos
tan diversos que incluyen a investigadores,
agrónomos, personas de tercera edad,
amas de casa, organizaciones religiosas,
organizaciones indígenas y personas
con problemas neuromusculares.
El común denominador de los miembros
de la Asociación Hidropónica
mexicana es el hecho de contar con poco
espacio y recursos para proyectos agrícolas
en grandes extensiones y con grandes costos.
Sin embargo, en algunos casos como el de
la familia Jiménez Bonet, de Puebla
se han sembrado paulatinamente extensiones
de tierra mayores, hasta llegar a una hectárea
con jitomate.
Aún cuando no hay cifra global
del volumen de producción de los
miembros del Asociación Hidropónica
mexicana, su presidenta señala que
en Jalisco se calcula que hay 13 hectáreas
de cultivos hidropónicos, además
de numerosos espacios cultivados con esta
técnica por productores independientes
en el estado de México, Michoacán,
Puebla y la delegación de Xochimilco
en el distrito federal.
Según datos de la misma asociación,
en México se pueden sembrar con
el sistema hidropónico forraje verde
en nueve días: rábano en
28 días; cebolla en tres meses y
jitomate en cuatro meses.
Hortalizas espacial.
Actualmente la NASA Center for Education
Technologies, así como por Merle
H. Jensen, de la universidad de Arizona,
explicaron en mayo del 2000 que no sean
cultivados jitomates hidropónico
se las mismas condiciones de ausencia de
gravedad, sin embargo actualmente la NASA
debe pagar 50,000 dólares para producir
un kilogramo de jitomate en el espacio.
El reto es hacer más baratas las
ensaladas para los astronautas y transferir
el conocimiento de punta al creciente grupo
de hombres y mujeres que desean cultivar
su propio alimento.
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